Mientras la fiesta en casa de Oliver vibraba con música, risas y copas alzadas, en un restaurante discreto del centro, Jonathan Hartley se reunía con el hombre que había enviado semanas atrás a trabajar como jardinero en la mansión Moore.
La mesa estaba apartada, iluminada por una lámpara tenue. Jonathan no comía. Solo escuchaba.
—Los mellizos Moore y su hija —comenzó el hombre, con voz baja— están moviendo piezas para quitarle poder. Quieren darle libertad financiera a Isabelle. Que ya no