La música seguía vibrando en el aire, mezclándose con las risas y el murmullo de conversaciones dispersas. Las luces colgantes lanzaban reflejos dorados sobre las copas, y el jardín parecía suspendido en una burbuja cálida, ajena al resto del mundo.
James se acercó a Isabelle con dos copas en la mano, el gesto despreocupado pero la mirada fija en ella.
—Oliver me enseñó a preparar su cóctel estrella —dijo, ofreciéndole una copa—. Lo llamó “Verdades a medias”. Pero este lo hice para ti.
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