Camille e Isabelle cruzaron el jardín, guiadas por el sonido de risas y música que venía desde la piscina. El sol se reflejaba en el agua turquesa, y allí estaban Oliver y James, ya metidos en el papel de anfitriones: mojados, relajados, y claramente disfrutando.
James, con una camisa desabotonada y una copa en mano, hacía reír a un pequeño grupo de invitados. Oliver flotaba cerca del borde, pero al ver a las chicas acercarse, salió del agua con una sonrisa amplia.
—¡Pero miren quiénes lleg