La luz matinal entraba por los ventanales del comedor, bañando la mesa en tonos dorados. El aroma a café recién hecho y pan tostado flotaba en el aire. Lucie y Camille estaban sentadas juntas, hojeando el menú de la fiesta de Oliver en sus teléfonos, intercambiando ideas entre risas.
—Va a ser espectacular —dijo Lucie, emocionada—. Oliver dijo que habrá música en vivo y una barra de cócteles personalizada.
—Y un rincón de postres griegos —añadió Camille—. Ya estoy soñando con eso.
Isabell