Isabelle estaba en su habitación, sentada en la esquina del sofá con el teléfono entre las manos. La luz era tenue, y el silencio de la mansión contrastaba con el ruido que imaginaba en Berlín. Había leído el artículo tres veces. Las fotos seguían flotando en su mente como si fueran más reales que los recuerdos.
Escribió un mensaje:
> *“¿Te estás divirtiendo mucho, ¿no?”*
Lo leyó. Lo borró.
Escribió otro:
> *“No sabía que las reuniones incluían copas y sonrisas con pelirrojas.”*
Lo