La sala de juntas de Janix M Group en Berlín era impecable. Cristal, acero, silencio. James estaba de pie al final de la mesa, con la chaqueta colgada en el respaldo de su silla y las mangas de la camisa arremangadas. Había dirigido la reunión con precisión, sin perder tiempo en cortesías innecesarias.
Los ejecutivos comenzaron a salir, intercambiando saludos y promesas de seguimiento. Solo Elena Voss se quedó atrás.
—Impresionante como siempre —dijo, acercándose con una sonrisa que no era