La luz tenue del escritorio iluminaba el teléfono que Camille le había entregado. James se dejó caer en la silla de cuero, sintiendo la frialdad del dispositivo en su mano. Era un modelo discreto, idéntico al que él mismo había confiscado a Astrid, al que ella se había encargado de borrar cualquier evidencia, pero en ese estaba todo, había en el, un peso distinto: el peso de las respuestas que había estado buscando.
Desbloqueó la pantalla con paciencia. No tardó mucho en encontrar lo que busc