La mesa estaba impecablemente dispuesta, con la vajilla fina reflejando la luz cálida de la lámpara central. El aroma de la cena llegaba desde la cocina, pero lo que llenaba el ambiente no era precisamente el hambre, sino una tensión invisible.
Isabelle estaba sentada junto a Camille, intentando no mirar hacia la puerta. Sophie y Miranda cuchicheaban en el otro extremo, intercambiando miradas cómplices. Noah revisaba su teléfono con aire distraído, hasta que un movimiento en la entrada le hizo levantar la vista.
James entró, con el saco ya retirado y la camisa ajustada marcando su figura, sintió cómo un calor incómodo le recorría el cuerpo.
Tomó asiento frente a Isabelle, y durante un instante, sus miradas se encontraron. Fue suficiente para que ella sintiera un latido acelerado que preferiría no reconocer.
Noah guardó el teléfono y se inclinó hacia adelante.
—Entonces… —dijo, mirando a su hermano y luego a Isabelle—. ¿Cómo les fue trabajando juntos?
—Bien —respondió Isabe