La mañana transcurrió entre carpetas, diagramas y notas abiertas en la pantalla. El ambiente era distinto al día anterior. James estaba concentrado, serio… casi demasiado. No hubo comentarios de doble sentido, ni miradas prolongadas que le robaran el aire.
Isabelle no podía decidir si eso la tranquilizaba o la inquietaba más.
En un momento, mientras revisaba unas cifras en la tableta, no aguantó más la curiosidad.
—¿Estás bien?
James levantó la vista, sorprendido.
—Sí… ¿por qué?
—No sé… —Isabelle apoyó la tableta sobre la mesa—. Es solo que… esperaba que estuvieras insistente como ayer.
Una sonrisa lenta se formó en sus labios.
—¿Insistente?
—Ya sabes a qué me refiero —murmuró ella, apartando la mirada.
James soltó una breve risa.
—Planeaba comportarme… pero si lo deseas…
—No debí decir nada —lo interrumpió Isabelle, intentando retomar sus apuntes.
Él no insistió. No en ese momento.
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Terminaron de repasar los últimos documentos en un silencio que a Isa