La mañana transcurrió entre carpetas, diagramas y notas abiertas en la pantalla. El ambiente era distinto al día anterior. James estaba concentrado, serio… casi demasiado. No hubo comentarios de doble sentido, ni miradas prolongadas que le robaran el aire.
Isabelle no podía decidir si eso la tranquilizaba o la inquietaba más.
En un momento, mientras revisaba unas cifras en la tableta, no aguantó más la curiosidad.
—¿Estás bien?
James levantó la vista, sorprendido.
—Sí… ¿por qué?
—No