El aroma a café recién hecho y pan tostado llenaba el aire, pero la atmósfera estaba lejos de ser tranquila.
Todos estaban ya sentados: Noah, Miranda, Sophie, James, Isabelle y Camille.
Miranda, con esa sonrisa que solo usaba cuando quería clavar una aguja, dejó la taza sobre el plato con un golpecito suave.
—Espero que hayan dormido bien… aunque, por lo que se escuchaba anoche, algunos tuvieron una noche *muy* activa.
El silencio cayó como un golpe seco.
James, que bebía un sorbo de