Isabelle estaba sentada en un sofá junto a una de las chimeneas laterales, el rostro inclinado, jugando con el borde de un pañuelo entre las manos. El fuego proyectaba sombras suaves sobre sus mejillas húmedas.
Camille entró en silencio, llevando dos tazas de té. Le dejó una sobre la mesa y se sentó frente a ella.
—No he visto a Noah ni a James desde que saliste del comedor —dijo, con tono cuidadoso.
Isabelle suspiró.
—Es que… cada vez que intento hacer las cosas bien, algo estalla. Y s