Zeynep seguía perdida en sus pensamientos, sentada aún en el borde del sofá, cuando el timbre del teléfono del apartamento sonó de repente, interrumpiendo el silencio que la envolvía. Su corazón dio un vuelco. Durante un instante dudó si contestar o no; estaba tan alterada que hasta su propia voz temía delatarla.
Se levantó con lentitud, secándose disimuladamente los ojos antes de acercarse al aparato. Tomó el auricular con manos temblorosas y respiró profundo antes de hablar.
—¿Alo?
La voz al o