El cielo sobre Estambul comenzó a teñirse de un violeta pálido, desmoronándose en vetas de naranja y oro conforme el sol reclamaba el horizonte. Dentro del asiento trasero del auto, Kerim observaba el cambio de luz con ojos cansados y una mente que no lograba silenciarse. El alcohol de la noche anterior ya no era más que un regusto amargo en su garganta, reemplazado por la adrenalina pura que emanaba de la caja metálica que descansaba sobre sus rodillas.
Con dedos todavía temblorosos, Kerim rev