Zeynep estaba sentada en el sofá. Miró a su alrededor: por fin había terminado de organizar el apartamento. Se abrazó a sí misma, encogiendo las rodillas contra el pecho, sumida en la incertidumbre sobre la decisión que tomaría Kerim. Una lágrima rodó por su mejilla. No pudo evitarlo. Se sentía sola y traicionada: el hombre a quien amaba se había ido detrás de otra mujer.
Recordó la noche de bodas, cuando Kerim la dejó sola en aquella habitación. No pudo dormir en toda la noche, esperando que é