Mientras el resto de la familia Seller se refugiaba en la paz bucólica del campo para celebrar el cumpleaños de Zeynep, la ciudad permanecía envuelta en un gris melancólico. Emmir, el hermano que siempre parecía cargar con las culpas ajenas, había decidido quedarse atrás. No era solo por los negocios; era porque el peso de la ausencia de su hija y la traición de Ariel le impedían fingir una alegría que no sentía.
Sin embargo, había un nombre que resonaba en su mente como una melodía suave en me