La mañana en la mansión Seller se despertaba con una luz dorada que, aunque hermosa, no lograba disipar la bruma de presentimiento que Zeynep sentía en el pecho. Tras el idilio en la casa de campo, el regreso a la realidad de la ciudad; se sentía feliz de haber pasado un día feliz con Kerim.
En la entrada principal, el movimiento era inusual. Kerim, vestido con ropa deportiva blanca que resaltaba su porte atlético, terminaba de ajustar los arneses del cochecito de Evan. El pequeño balbuceaba co