La semana había transcurrido como una procesión de sombras. El silencio de Abram era una herida abierta en la seguridad de Zeynep; desde aquel encuentro clandestino en el muelle, no había recibido ni una señal, ni un mensaje cifrado, nada que le indicara si el "agente doble" seguía a salvo o si Leyla había descubierto el juego. Por otro lado, Azra permanecía en una calma tensa, un retiro táctico que a Zeynep le resultaba más aterrador que un ataque frontal. ¿Cuándo darían el golpe? ¿Qué estaría