El crepúsculo se filtraba por los ventanales de la mansión Seller cuando el Mercedes-Benz de Kerim cruzó el umbral. Kerim y Emmir bajaron del auto con los hombros cargados por la fatiga de una jornada interminable en la compañía. Sin embargo, apenas sus pies tocaron el mármol del recibidor, el teléfono de Kerim vibró con una insistencia agresiva.
Kerim sacó el dispositivo de su bolsillo. Sus ojos se entrecerraron al ver el nombre en la pantalla. Emmir, que se desabrochaba el primer botón de su