Zeynep no aguantó más. Se quebró allí mismo, frente a todos. Sus sollozos llenaron la estancia. —¡Señor Baruk! —gritó ella entre lágrimas, mirando al patriarca con desesperación—. ¡En verdad todo fue tan rápido! Había tanta gente frente a mi, tantas cámaras... no sabía qué hacer. Me dijeron tantas cosas feas, me acusaron de cosas horribles...
Kerim se acercó a la mesa del comedor, se sirvió un vaso de agua y bebió un largo trago, observándola por encima del borde del cristal con una frialdad qu