Zeynep no aguantó más. Se quebró allí mismo, frente a todos. Sus sollozos llenaron la estancia. —¡Señor Baruk! —gritó ella entre lágrimas, mirando al patriarca con desesperación—. ¡En verdad todo fue tan rápido! Había tanta gente frente a mi, tantas cámaras... no sabía qué hacer. Me dijeron tantas cosas feas, me acusaron de cosas horribles...
Kerim se acercó a la mesa del comedor, se sirvió un vaso de agua y bebió un largo trago, observándola por encima del borde del cristal con una frialdad que ocultaba su propia agitación interna.
—Está bien, ya cálmate —dijo Kerim con voz monocorde—. Carlos me llamó y me contó todo.
Ariel, que esperaba gritos de divorcio y expulsión, se quedó paralizada. El vaso de vino en su mano tembló. "¿Qué? ¿Carlos lo llamó?", pensó con furia. "Maldito perro traidor... Me las pagará".
Emmir miró a su hermano, confundido. —¿Y qué te dijo Carlos, Kerim? ¿Por qué estaban allí en primer lugar?
Kerim dejó el vaso y se sentó en la cabecera de la mesa, donde ya estab