Carlos sonrió de lado y se puso de pie. —Entendido. Vamos, el espectáculo nos espera.
Zeynep se levantó, ajustó su traje blanco y negro, y respiró hondo. Caminó al lado de Carlos hacia la salida principal del hotel. En cuanto las puertas automáticas se abrieron, el bombardeo comenzó.
Afuera, en su auto, Ariel observaba la escena como si fuera el estreno de una película de la cual ella era la productora. Vio a los reporteros acomodarse, las cámaras preparadas, y cuando Zeynep y Carlos aparecieron juntos, su corazón saltó de júbilo.
—Perfecto... —susurró Ariel, pegando el rostro al cristal—. Desde aquí puedo ver cómo se desmorona tu mundo, Zeynep.
En la acera, los flashes eran cegadores. Los periodistas, siguiendo el guion, empezaron a lanzar preguntas a gritos: —¡Señora Seller! ¿Qué hace en un hotel con este hombre? —¡¿Es cierto que mantiene una relación secreta a espaldas de su esposo?! —¡¿Quién es él, señora Zeynep?!
Carlos, actuando su papel a la perfección, tomó a Zeynep del brazo