El hospital privado "Esperanza" se había convertido en un búnker. Los médicos entraban y salían de la sala de reanimación, mientras la familia Seller esperaba en el pasillo, consumida por la culpa.
Zeynep estaba sentada junto a Selim, sosteniéndole la mano. Kerim caminaba de un lado a otro. Baruk estaba sentado en una esquina, con la cabeza baja, sabiendo que el desastre que tanto temía acababa de ocurrir.
Finalmente, un médico salió, quitándose la mascarilla.
—¿Familiares de la señora Ariel?
—Nosotros —dijo Kerim, adelantándose.
—Logramos hacerle un lavado gástrico a tiempo —informó el médico con seriedad—. Su corazón estuvo a punto de colapsar, pero logramos estabilizarla. Ha salido de peligro. Está sedada, pero vivirá.
Un suspiro colectivo de alivio recorrió el grupo. Selim rompió a llorar de nuevo, esta vez de gratitud.
Pero la paz duró poco.
Las puertas automáticas de la entrada de urgencias se abrieron con violencia. Un hombre alto, robusto, con un abrigo de lana negro y una exp