Alaric escuchó las palabras de Anastasia en silencio, sintiendo cómo la rabia contenida que traía desde la mansión de los Genovese se disipaba por completo. La miró fijamente, con los ojos cargados de una vulnerabilidad que solo ella era capaz de provocar en el implacable King de la mafia gringa.
Dio un paso atrás, dándole el espacio que ella necesitaba, aunque el impulso de aferrarla contra su pecho era casi incontrolable.
—Quiero que te tomes el tiempo para pensar las cosas, Anastasia —dijo A