Emma Baker
El aire en la habitación estaba cargado, denso, como si cada segundo que pasaba me envolviera más en el magnetismo que irradiaba Kian. Me mordí el labio con fuerza, intentando aferrarme a un último resquicio de cordura, pero esa palabra ya no existía en mi mundo desde el momento en que lo miré y mis labios se abrieron para dejar escapar lo que jamás pensé confesarle.
—Te necesito, alfa… —susurré, y mi voz salió quebrada, pero cargada de un deseo imposible de negar.
Esas tres simples