Davian Taleyah
El reloj marcaba la medianoche y el silencio en la mansión era casi absoluto, salvo por el eco de los pasos de Kian Duncan moviéndose de un lado a otro frente a mí. El alfa caminaba con el ceño fruncido, un vaso de whisky fuerte en su mano derecha, que se vaciaba lentamente cada vez que lo llevaba a los labios. La luz del fuego de la chimenea iluminaba sus facciones tensas, y en su mirada azul brillaba esa mezcla peligrosa de ira contenida y preocupación.
Yo lo observaba desde mi