Julienne Percy
—No… no puedo aceptarte, Davian —murmuré, con la garganta apretada—. Podría perdonarte, pero eso no quiere decir que podamos formar algo juntos. —
Vi cómo su rostro se tensaba, como si mis palabras fueran un látigo, pero no desvió la mirada. No intentó discutir. Solo se quedó ahí, tragando su frustración, su deseo, su pesar. Me puse de pie con lentitud. El suerte se ajustó sobre mi vientre y sentí al bebé moverse ligeramente. Mi pequeño huracán. Es el único motivador para seguir