Davian Taleyah
La noche estaba silenciosa, demasiado para mi gusto. La lluvia repiqueteaba suave contra los ventanales de la oficina, y el fuego de la chimenea crepitaba de fondo. Frente a mí, una pila de documentos sin firmar se apilaba, pero mi mente no estaba en ellos. No podía concentrarme. Desde que Julienne regresó a la mansión, su presencia lo impregnaba todo. Su aroma, su voz, incluso cuando no estaba cerca, era como si habitara cada rincón de esta casa y de mí.
Kaemon no me daba tregua