Los días siguientes se volvieron todavía más distantes. Lila decidió regresar al hospital a trabajar a pesar de que Alfonso le advirtió que no era necesario. Al llegar, notó algo que no tenía presupuestado: había descuido en los pasillos, un silencio brutal y algunos miembros de la manada que estaban en su momento final parecían derrotados.
El hospital de la manada nunca había sido un lugar de desatención, por el contrario, era el lugar donde los lobos podían confiar y aún así, todo parecía est