Lila permanecía rígida, todavía aferrada a Alonso.Solo había visto criaturas así en películas románticas como crepúsculo y novelas de fantasía. Seres irreales, condenados a existir únicamente en la imaginación de otros. Jamás pensó que uno pudiera estar de pie frente a ella, mirándola con esa expresión posesiva, urgente, y reclamando como suyos a los hijos que llevaba en el vientre.El mundo parecía haberse torcido.—Esto no es real… —murmuró con la voz rota—. Esto no puede estar pasando, ¡Es una maldita broma! Señor, puedo entender que usted crea que hay un error, pero no es necesario que me trate como si fuera estúpida, ¿Hombre lobo? Por favor, es una broma de Alejandro ¿cierto? Dígame que es una broma.Alfonso, al notar su palidez y su respiración agitada, bajó ligeramente la cabeza, como si intentara suavizar su presencia.—Lila… no tengas miedo.Ella negó con la cabeza, se levantó lento del piso y retrocedió.—¿Cómo no voy a tenerlo? —susurró—. ¿Acaba de decirme que es un… hom
Leer más