Mientras tanto, en el hospital, el ambiente era de puro caos controlado. El doctor y dos enfermeras trabajaban con prisa alrededor de la cama de Elena. Ella había sufrido un paro cardíaco segundos antes y ahora yacía pálida, con el pecho subiendo y bajando apenas gracias a las máquinas. Sara permanecía de pie a un lado, con los ojos muy abiertos, y las manos temblando.
—¡Por favor, doctor, salve a mi hermana! —suplicó con la voz rota—. No la deje morir… le ruego.
Dairus, que estaba al otro lad