Alfonso salió de la mansión con el paso firme pero con la mente nublada. Afuera, bajo la luz plateada de la luna, lo esperaba Dianni. Vestía un vestido negro ceñido que se ajustaba a cada curva de su cuerpo con una elegancia peligrosa. Su cabello oscuro caía en ondas sueltas sobre sus hombros, y sus labios rojos brillaban como una promesa prohibida. La mujer exudaba una sensualidad que parecía envolver el aire a su alrededor.
Al verlo, se acercó con una sonrisa lenta y tomó su brazo con natura