Mientras tanto, en la mansión de la manada, un médico revisaba a Lila con expresión preocupada. Ella yacía inconsciente en la cama principal, con el cabello pegado a la frente por el sudor y el cuerpo temblando ligeramente. El termómetro marcaba una temperatura mucho más alta de lo que cualquier humana debería soportar.
—Alfa… su temperatura no es normal —dijo el médico, revisando de nuevo los signos—. Está por encima de lo que un cuerpo humano puede tolerar sin colapsar. Si no la llevamos al