Mundo de ficçãoIniciar sessãoLila jamás imaginó que una simple decisión cambiaría su vida para siempre. Desesperada por salvar a su madre enferma y ahogada por las deudas, acepta convertirse en madre subrogada para una pareja adinerada. Todo parecía sencillo: llevar un embarazo, recibir el dinero y desaparecer. Pero el día que descubre la verdad, ya es demasiado tarde. El padres de los hijos que lleva dentro no es humano. Arrastrada a un mundo oculto entre bosques, jerarquías y secretos ancestrales, Lila descubre que el padre de sus bebés es Alfonso, el temido Alfa de una poderosa manada de hombres lobo. Frío, dominante y completamente obsesionado con proteger a los cachorros que ella espera, Alfonso la mantiene bajo su vigilancia mientras una extraña tensión comienza a crecer entre ambos. Sin embargo, Lila no piensa quedarse.
Ler mais—Lila, cariño, tengo algo importante que pedirte.
En la oficina, Alejandro sostenía la mano de Lila sobre el escritorio de nogal, acariciándole lentamente la palma con el pulgar, ella apenas se estremecía ante su contacto. Su mirada se deslizaba entre esa simple caricia y los ojos brillantes del hombre que ella amaba.
—¿Algo importante?. — ella susurró a la expectativa. Mientras miraba su dedo acariciar su piel.
— Lila, ten un hijo para Sara y para mí. —Alejandro sonrió apenas perceptible, y la mano de Sara se quedó congelada sobre la suya.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando? —Lo miró sin comprender.
Habían pasado ya tres años.
Tres años desde que él había pagado el tratamiento de su madre, desde que le consiguió ese puesto de secretaria, y sobre todo, desde que la convirtió en su amante secreta. Tres años viviendo en la sombra, aceptando migajas de tiempo y apoyándolo en todo lo que ese hombre quería sin esperar nada a cambio.
Y aun así, Lila se había enamorado.
¿Qué más podía pedirle a la vida? Su madre estaba viva gracias a él, y su compañía era lo único que aparentemente la había feliz hasta ese momento, pues le costaba creer la propuesta que él hacía.
—Si cariño, ha llegado el momento de recompensarme todo lo que he hecho por ti. —Alejandro, con su mano libre corrió un mechón de cabello detrás de la oreja de Lila, y le dio un beso en la frente.
—Juro que no te entiendo nada —murmuró nerviosa.
Alejandro suspiró y soltó su mano, acomodándose la chaqueta como si fuera a dar una explicación de negocios.
—Tú sabes que llevo menos de tres años casado con Sara. Nuestro matrimonio fue un acuerdo entre familias. Cada uno hace su vida, sin interferencias. Pero ahora… —hizo una pausa— nuestras familias nos están pidiendo un heredero, por aquello de las costumbres , ya sabes. —el hombre sacudió la mano como si estuviera hablando del pan de la esquina, restándole importancia al asunto. —Este matrimonio por contrato ha sido muy difícil.
Lila sintió un nudo en el estómago.
—Pero ¿Por qué me pediste un hijo? Un hijo para ustedes dos, ella es tu esposa, es quien debería tenerlo, ¿No?
—Sara no quiere hijos. Le gusta su vida tal como está. Dijo que podíamos buscar una madre sustituta, no le interesa dañar su figura y mucho menos, acarrear con esas cosas, los síntomas. —las palabras de Alejandro cada vez se tornaban más frías y calculadoras.
Los dedos de Lila se crisparon sobre la falda.
—¿Y por qué me dices esto a mí? Si yo solo soy tu amante.
Alejandro la miró fijamente a los ojos, sin rodeos.
—No eres mi amante, no lo digas de esa manera, has sido siempre mi pareja, estoy casado simplemente por un contrato nada importante, pero ahora nuestras familias quieren un heredero. Además, porque no confío en nadie más. Solo en ti. —Deslizó sus dedos sobre su mentón, forzándola a levantar la mirada, pero Lila estaba aterrorizada.
El silencio se volvió espeso.
—¿Entonces… quieres que yo sea la madre subrogada? —preguntó al fin, con la voz temblorosa.
—Si, en pocas palabras, tendrás una licencia remunerada durante el tiempo del embarazo, me haré cargo de todos los gastos, y tú solamente debes traer un hijo saludable, ni siquiera debes poner tus genes, solo me prestarás el vientre.
Ella se levantó de golpe.
—¡Por supuesto que no! Tener un hijo no es así de sencillo, ¿Cómo me pides que lleve en mi vientre a un hijo de ustedes dos?
—No exageres las cosas, Lila. No te estoy pidiendo amor. Solo un hijo.
—¿Un hijo? ¿Eso es lo que soy para ti? ¿Un vientre útil?
Alejandro giró lentamente.
—Pero ¿Por qué eres tan fría, Lila? Eres mi pareja, yo no me acuesto con Sara, contigo si, no entiendo porque te enojas cariño, si es que todo lo que tienes y eres, es gracias a mí, ¿Acaso se te olvida en las condiciones que te encontré? Porque a mi no.
Las palabras la atravesaron como cuchillas.
—Yo me quedé contigo porque te amaba —susurró. —pensé que tú…—Lila parpadeó rápidamente para no dejar escapar las lágrimas, y de nuevo bajó su cabeza procesando sus palabras.
—No seas dramática—replicó él con frialdad—. Tu madre sigue viva gracias a mí, y si se me da la gana, puedo dejar de pagar su tratamiento tan costoso, y simplemente dejarla morir.
Lila palideció.
—No mezcles eso…Nada tiene que ver una cosa con la otra.
—Lo mezclaré todo si hace falta —la interrumpió—. Los gastos médicos no son baratos. Y no pienso seguir pagando si decides hacerte la digna.
Las lágrimas le ardieron detrás de los ojos.
Sabía que aquello era una humillación. Y aun así su corazón se negaba a odiarlo. Pero la sola idea de no tener a su madre le hacía perder cualquier atisbo de dignidad que tuviera.
—Está bien —dijo al final, en un hilo de voz—. Acepto.Alejandro se acercó y la tomó del rostro, obligándola a mirarlo.
—Buena chica.
Alejandro, la tomó de la cintura y con fuerza, la presionó contra el escritorio, sin ni siquiera besarla, le subió la falda, corrió su ropa interior, y sin la más mínima preparación, la hizo suya en su despacho. Y mientras a ella le rodaba una lagrima por la mejilla, el hombre gruñía placentero derramándose en su interior.
Como siempre…
Lila, se acomodó su falda, con las manos temblorosas. Él tomó su abrigo, se lo estrelló contra su pecho y le habló con tono indiferente:
—Mañana a las tres de la tarde es la intervención. No llegues tarde, ahora vete, tengo una reunión con los accionistas.
Una vez finalizada la asamblea, los murmullos de la manada se disiparon poco a poco entre las paredes de piedra. Sin embargo, algunas miradas permanecieron sobre Lila, cargadas de curiosidad… y desconfianza.Alfonso no volvió a mirarla.—Carmen —ordenó él sin volverse—. Encárgate de ella.De entre la multitud, una mujer dio un paso al frente. Su presencia no era imponente, pero su expresión transmitía una calma serena, casi maternal.—Sí, Alfa.Alfonso asintió apenas y se marchó sin decir nada más, perdiéndose entre los pasillos elegantes de piedra.Lila lo siguió con la mirada hasta que desapareció. Extrañamente no quería que él se fuera.—Ven, niña —dijo Carmen con suavidad.Lila giró hacia ella y la observó con atención. A simple vista, parecía de su misma edad, pero había algo en su físico… una madurez que no encajaba con su apariencia.—¿Cuántos años tienes? —preguntó sin pensarlo demasiado.Carmen sonrió levemente.—Más de lo que aparento, he sido la persona encargada de cuida
—Agárrate fuerte, de lo contrario, si caes desde esta altura, no solo el bebé que llevas en el vientre, sino tú también saldrás muy mal herida.El viento golpeaba el rostro de Lila con una violencia que le hacía llorar los ojos. El lomo del enorme lobo plateado bajo ella se movía con una velocidad aterradora, saltando de azotea en azotea, deslizándose por callejones y desapareciendo en la oscuridad de la noche.Lila se aferró con ambas manos al espeso pelaje de Alfonso. Sus dedos temblaban, sus uñas se enterraban en el pelo plateado mientras su corazón latía con una fuerza descontrolada.A pesar de sus palabras bruscas, Alfonso hacía fuerza en secreto, tensando los músculos del lomo para que ella tuviera una superficie estable, inclinando su cuerpo en los saltos para protegerla del impacto del viento.Finalmente, tras lo que le pareció una eternidad, el lobo se detuvo.Habían salido de la ciudad.Ante ellos se extendía una vasta extensión de bosque oscuro, iluminado por una luna llena
Lila permanecía rígida, todavía aferrada a Alonso.Solo había visto criaturas así en películas románticas como crepúsculo y novelas de fantasía. Seres irreales, condenados a existir únicamente en la imaginación de otros. Jamás pensó que uno pudiera estar de pie frente a ella, mirándola con esa expresión posesiva, urgente, y reclamando como suyos a los hijos que llevaba en el vientre.El mundo parecía haberse torcido.—Esto no es real… —murmuró con la voz rota—. Esto no puede estar pasando, ¡Es una maldita broma! Señor, puedo entender que usted crea que hay un error, pero no es necesario que me trate como si fuera estúpida, ¿Hombre lobo? Por favor, es una broma de Alejandro ¿cierto? Dígame que es una broma.Alfonso, al notar su palidez y su respiración agitada, bajó ligeramente la cabeza, como si intentara suavizar su presencia.—Lila… no tengas miedo.Ella negó con la cabeza, se levantó lento del piso y retrocedió.—¿Cómo no voy a tenerlo? —susurró—. ¿Acaba de decirme que es un… hom
El corazón de Lila empezó a latir de forma tan violenta que creyó que se le iba a salir del pecho, su mirada se desplazaba entre aquel imponente hombre y el médico, quien trataba de mantener la calma ante la inesperada visita. —¡Señor, Alonso! ¿Qué está haciendo aquí? Estoy en una consulta, ¿en qué puedo ayudarle?Alonso apenas lo miró de reojo, este médico era uno de sus mejores profesionales, sin embargo había cometido un error. El hombre no apartó la mirada del vientre de Lila. Y ella, de inmediato lo reconoció, era como si aquel rostro se hubiera quedado impregnado en su memoria.Era él.El mismo hombre alto, corpulento y de presencia inquietante que había visto en aquel pasillo dos semanas atrás.Sus ojos ardían con un brillo extraño.Antes de que Lila pudiera procesar lo que acababa de decir sobre “cachorros de lobo”, el hombre dio un paso brusco hacia ella.—¡Tú, humana! Tienes algo que me pertenece. Alonso clavó los ojos en el vientre de Lila mientras aspiraba su aroma





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