📍 Villa Leone, Toscana
La brisa de la tarde movía las cortinas blancas del salón principal. El aroma a lavanda se mezclaba con el de los rosales del jardín. Después de tantos meses de oscuridad, por fin había paz.
Arianna estaba sentada en el sofá, con un chal sobre los hombros. En su regazo, los gemelos dormían entrelazados, y sus dedos acariciaban sus pequeños cabellos. Cada respiración de ellos la hacía temblar: eran reales. Estaban vivos. Eran su vida.
Greco la observaba desde la puerta. N