El Silencio de Marco...
El cuarto estaba a oscuras. Solo la brasa del cigarrillo iluminaba su rostro por momentos, dejando ver las ojeras marcadas, los labios secos, los ojos hundidos en un abismo. Marco no dormía hacía días.
Y ahí estaba el detalle: un hombre que había enfrentado guerras, mafias enteras, traiciones… y lo único que lo venció fue una mujer.
Rubí.
Era imposible hablar de Marco sin nombrarla. Ella lo había atrapado desde el primer instante, aunque él sabía de sobra que no era “suya”. Rubí había jugado en la cama con Paolo, el ex de Arianna, antes de pertenecerle. Y aún con ese veneno en el pecho, Marco se rindió. Porque ella tenía esa sonrisa maldita que lo volvía esclavo, esa forma de hablar que hacía que hasta un disparo sonara como una caricia.
Marco lo sabía: Rubí era adictiva. Y como toda adicción, lo destruyó.
Se inclinó hacia la mesa. Frente a él, una foto arrugada de ella. Rubí sonreía, con ese gesto que siempre parecía una burla, como si el mundo entero le perte