48 HORAS — GRECO LEVANTA EL IMPERIO
El amanecer encontró a Greco de pie frente al Perla Nera II, el club satélite que Volkov había reducido a humo y esquirlas. El neón, roto. Los espejos, hechos trizas. El olor a plástico quemado aún mordía la garganta. Greco observó en silencio, los ojos azules fríos como acero templado; luego dejó caer tres palabras que sonaron a sentencia:
—Cuarenta y ocho horas. Abre o muere.
Los capataces tragaron seco. Greco alzó la mano, enumerando con los dedos, su voz