El auto avanzaba en silencio por la carretera privada que conducía de regreso a la villa Leone. La noche estaba cerrada, y las luces de la ciudad quedaban atrás como brasas apagadas. Dentro del vehículo, solo se escuchaba el rugido del motor y la respiración contenida de dos hombres que llevaban demasiado en la cabeza.
Greco estaba sentado en el asiento trasero, la mirada clavada en la ventana, aunque no veía nada más que su propio reflejo. La cena seguía repitiéndose en su mente como una pelíc