En la oficina oculta de la villa..
Greco observaba un mapa digital sobre la mesa, señalando con un cigarro en la mano.
—Quiero todos sus movimientos registrados. Cada auto, cada sombra, cada maldito paso de Vittorio.
Dante había dejado el salón familiar y se unió a él minutos después. Greco, sin mirarlo, lanzó la siguiente orden:
—Y prepara la caja.
Dante asintió. Abrieron un maletín negro de terciopelo. Dentro, envueltos en gasa todavía manchada de sangre, reposaban tres dedos de Alessio, aún