Verona — Mansión Leone, dos meses después
La casa respira distinto. Ya no huele a pólvora ni a humo, sino a pan caliente, a jazmín del jardín y a desinfectante en una sola mezcla que, contra toda lógica, resulta reconfortante. Convirtieron el ala oeste en una suite clínica: cristales amplios, silencio controlado, monitores con luz tenue, un ventilador susurrando como si rezara.
Greco descansa inmóvil, hundido en sábanas blanquísimas. El vendaje sobrio en el tórax recuerda que la bala pasó cerca