Villa Leone — Ala Este, madrugada
La casa dormía con los pulmones llenos de sal marina. Afuera, el jardín respiraba en silencio; adentro, la habitación de Greco estaba bañada por una luz tenue. El monitor marcaba un compás discreto, los respiradores ya no imponían su rumor: solo una cánula de oxígeno, el suero, y el cuerpo enorme del hombre que había sostenido guerras y destinos.
Dante empujó la puerta con cuidado. Traía ojeras, una sudadera vieja, y en los ojos esa mezcla de miedo y fe que se