La villa amaneció cubierta de un velo azul. El rocío prendía en los setos como diamantes diminutos. En el patio de piedra —el antiguo claustro que Greco había convertido en zona de prácticas— aguardaban tres mesas: una con vendas y agua; otra con dos pistolas descargadas, cargadores inertes y un par de cuchillos de entrenamiento de polímero; y una tercera con guantes de combate, bucal, y una cuerda pesada enrollada en forma de serpiente.
Dante ya estaba allí, chaqueta negra abierta, camiseta g