C66: Él sabe que estás aquí.
No obstante, Askeladd no era un hombre que se sumergiera en emociones ni que dedicara tiempo a descifrarlas. Su naturaleza era distinta: siempre había sido frío, calculador, incapaz de otorgar valor alguno a aquello que naciera del corazón.
Los sentimientos, en su vida, jamás habían tenido peso real. Aun así, ese repentino alivio lo sorprendió, lo desconcertó y, casi sin proponérselo, lo empujó hacia un impulso inusual en él. Era como si aquella respuesta le hubiera abierto una puerta hacia un