Askeladd dio una señal con la mano, y de inmediato un soldado ingresó en la celda de Milord. El guerrero obedeció en silencio y se acercó hasta donde Milord permanecía suspendido. Entonces, retiró las cadenas que lo sujetaban, y el peso del propio cuerpo del prisionero lo venció: Milord cayó contra el suelo de piedra húmeda, con un estruendo que resonó entre los muros estrechos. Intentó incorporarse, pero apenas pudo sostenerse con los brazos. Sus nuevas piernas, aunque presentes, no respondían