Ninguno de los dos pronunció palabra alguna. El silencio que los envolvía era absoluto, como si el mundo entero hubiera dejado de existir por un instante. Ambos estaban demasiado absortos, demasiado impactados, intentando procesar lo que acababan de descubrir: que se habían encontrado con su mate, su compañero destinado. Ese aroma único, esa esencia que solo podía percibirse entre almas gemelas, los había golpeado con una fuerza inesperada. Sus corazones latían desbocados, sus sentidos estaban