C161: No he venido para premiarte.
Al llegar a Askeladd, Azucena se puso de rodillas y se inclinó hacia él.
—Mi señor… mi señor, por favor… por favor, resista. Estoy aquí y lo voy a curar. No se preocupe, lo voy a sanar.
Sus manos se posaron sobre las heridas de Askeladd, y lentamente comenzó a canalizar su don. Primero, la pata que Milord le había arrancado empezó a regenerarse, con el tejido formándose y fortaleciéndose con un brillo de energía pura que emanaba de Azucena. Luego, continuó con todas las demás heridas que Askela