Madrid se hundió en un silencio aterrador. El virus digital liberado por Mateo actuaba como un depredador voraz, devorando cada circuito eléctrico y red de datos en un radio de diez millas. Los semáforos se apagaron, los rascacielos desaparecieron en la oscuridad, y lo único que quedó fue el rugido del fuego entre los escombros de la puerta de la Mansión De la Cruz.
Dentro del túnel subterráneo, el SUV blindado conducido por Valeria se detuvo con un fuerte estruendo después de chocar contra la