El cielo sobre Madrid tenía el color de un moretón mal curado, una mezcla de púrpura y gris que parecía reflejar el estado de ánimo de una ciudad que aún procesaba los escándalos financieros de la familia De la Cruz.
Valeria Miller observaba la silueta de la Sierra de Guadarrama desde la ventana de un piso franco en el barrio de Salamanca, un lugar que no figuraba en ningún registro oficial.
Había pasado menos de una semana desde la explosión en los Alpes, y mientras el mundo la daba por muer