Las luces de emergencia de las calles de Madrid comenzaron a parpadear con un rojo amenazante, iluminando los rostros desquiciados de la gente. El mensaje de Ricardo había convertido a los ciudadanos en una banda de cazadores. Para ellos, Valeria y Mateo ya no eran humanos, sino rehenes que tenían la llave de la comodidad de sus vidas.
Valeria aceleró la motocicleta de escolta a alta velocidad, abriéndose paso a través de la multitud en Gran Vía. Mateo abrazaba la cintura de su madre con fuerza