El frío de los Alpes suizos parecía haberse filtrado a través de los muros reforzados del refugio, pero el verdadero hielo provenía de la pantalla de seguridad que Valeria Miller observaba con una fijeza letal.
Fuera, entre la neblina blanca y los pinos cargados de nieve, la silueta de Isabella Thorne avanzaba con una elegancia mecánica que desafiaba las leyes de la biología humana.
No llevaba abrigo, sus pies apenas dejaban huellas en la nieve profunda y sus ojos emitían un destello azul cob