El amanecer sobre el Támesis tenía un tono grisáceo y metálico que a Valeria Miller le pareció extrañamente reconfortante.
Sentada en la oficina principal de su nuevo cuartel general en Canary Wharf, observaba cómo la bruma londinense envolvía los rascacielos de la competencia.
No habían pasado ni cuarenta y ocho horas desde su huida de Madrid, pero gracias a los activos digitales que había desviado durante su coma, Montes Group ya no era solo una empresa fantasma; era una entidad financiera