El aire dentro de la suite de Canary Wharf se volvió gélido, no por el clima londinense, sino por una distorsión en la frecuencia de la realidad que Valeria reconoció de inmediato.
Frente a ella, el Patriarca, don Alejandro de la Cruz, sostenía un orbe de plata que pulsaba con una luz rítmica, la misma que alimentaba los servidores del Nexo en Madrid.
Valeria mantuvo su arma firme, apuntando directamente al entrecejo del anciano, pero sentía que sus pies empezaban a perder contacto con el sue